LA CULTURA DEL CAMBIO

Raúl Vacas Polo
19 de mayo de 2007. Facultad de Geografía e Historia

Quiero compartir con vosotros una curiosidad y dos textos que son, a la vez, dos convicciones y dos gritos. Hace días el canal 4 ponía en evidencia los dobles sentidos de los lemas de campaña del Partido Popular: “Espe jode lo que somos”, “Con fianza en el futuro”. Pero no sólo han descuidado, desde hace mucho tiempo sus palabras, sino también su imagen. Si pasean por la Avenida de Villamayor, entre otras, verán que los reclamos electorales del PP, con Juan Vicente Herrera y Lanzarote sonrientes, están colocados en muchas farolas junto a señales de tráfico que prohíben girar a la derecha.

Prohibido girar a la derecha

Por el cambio

Tratan de engañarnos, de hacernos confiar en sus crupieres políticos, de que adoptemos la mentira y el silencio como estrategia de futuro.

Día a día tratan de anestesiarnos con mil y un argumentos envenenados, de hacernos creer todo cuanto nos inyectan vía oral, de anular nuestros sensores de la realidad e imantar los sentidos, de convertirnos en oscuros peones, de hacernos libres con la verdad de la Cope.

Es un trabajo lento, minutado, de auténtico desgaste, que trata de libarnos la conciencia y el sentido crítico. Que nos invita a la mediocridad y al conformismo. Que nos tatúa la desconfianza en la mirada. Que nos priva de los mejores sentimientos y valores. Que expone nuestras vísceras para el disfrute de sus aves carroñeras.

Una y otra vez nos tienden la trampa del engaño con distinto cebo. Nos llaman a creer en la opinión de El Mundo, sin admitir otras miradas. Quieren que caigamos en la escombrera de la desesperanza y consintamos sus ladridos.

Tratan de engañarnos, de seducirnos con la más extravagante lencería publicitaria. Privatizan nuestras vidas. Inoculan la mentira en sus palabras. Compran nuestra atención y nuestros votos con pirotecnia barata. Dinamitan la moral del más débil, y nos hacen cómplices de sus equívocos y miserias.

Frente a esta operación de contrabando ético y estético hay que salir del bostezo y la individualidad. Hay que tomar parte. Hay que empuñar la honda y hacer frente al que dicta. Hay que movilizarse contra el miedo. Hay que adoptar la verdad.

Hay que apostar por el cambio.

Salamanca, la negra

(Dedicado a Josetxu Morán, Fernando Saldaña, Victorino García Calderón, y a todos los que son o han sido víctimas de alguna forma de censura o lista negra)

En todas las ciudades hay un patio que ver, alguna casa, un niño enfermo, un gran hotel y dos o tres museos. En todas las ciudades hay una calle más, algún depósito, un medallón de Franco, cementerios caros, zonas azules, azafatas que miran con un silencio aéreo.

En todas las ciudades hay turistas, abogados, dictadores, legionarios de Cristo, transeúntes, chatarreros y mujeres sin prisa con los labios rojos.

En todas las ciudades hay borrachos y palomas y balcones con geranios y señoras de luto y culturistas y academias llenas y extranjeros.

Cada ciudad esconde tras de sí otra ciudad muy diferente. Y esa ciudad, de la que viven los cronistas de sucesos, tiene otra historia y otra vida y otros hombres que pagan sus impuestos o sus culpas.

Aquí también hay dos ciudades. La Salamanca culta y limpia de los folletos de turismo. La muy noble, leal, apacible y hospitalaria. La Salamanca blanca. La renaciente maravilla de Unamuno. La que alentaba el corazón de los tenderos y los estudiantes con las muchas industrias de sus gentes y su historia, hija de la imaginación, la magia y la literatura. La del alto soto de Torres. La que vivía del arte y para el arte. La que nació de un sueño.

Y la oculta e impía. La negra. Esa otra ciudad sumergida que se obstina en vivir y morir cada minuto. La que, después de muchas páginas –algunas casi vírgenes en las bibliotecas- decidió olvidar su historia y vivir de las rentas. La que enseña sus escrúpulos y no deja dormir a los que sueñan. La Salamanca del hambre y la miseria, la violencia, el abandono y la incultura. La Salamanca derrotada por el tiempo; la que es mercado de saberes y de encuentros, de sueños urbanizados, de una cultura importada; la que empaña el color de las postales; la vendedora de noches y de piedras; la que calla y otorga. La Salamanca de postín y de fachadas. La del alto soto de grúas. La Salamanca Sociedad Anónima. La de los pueblos fronterizos. La Salamanca de las inmobiliarias. La de los bandos. La de charanga y pandereta, la derruida, la ostentosa, la sucia, la negra.

Aquella otra, la de la copla, era mantenida por cuatro carboneritos de los que entonces llegaban de la sierra con el mineral para ayudar a pobres y estudiantes a vencer el frío. La negra, en cambio, se mantiene sola, intacta, ajena a la cultura y al pasado. Lejos de toda pretensión. La Salamanca que impone sus leyes, la que subyuga, la que invita al destierro, la de los medios que consienten, la de los fines ilícitos, la de los pícaros, la de los ciegos, la que censura a quienes la defienden.

Hay ciudades de vivos y de muertos, ciudades con historia y con futuro. Y hay ciudades (adiós, señor alcalde) que aprenderán un día. Ojalá que el 27 sea ese día.

Raúl Vacas Polo
Rodasviejas, 19 de mayo de 2007

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